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Pacientes con coronavirus reciben soporte emocional, alimenticio y esperanza


Por ntperu 27/05/2020 - 07h42

Se dice que la esperanza es lo último que se pierde y es ahora cuando esta frase cobra mayor importancia en la vida de miles; pero, ¿Qué esperanza puede encontrar alguien que ha sido infectado por un virus mortal o que perdió un ser querido?

En la sierra norte del país, está el Hospital de Huaylas (Huaraz – Áncash), y allí hay un equipo médico que no solo da alivio a quien presenta los síntomas de esta temible enfermedad, sino que los pacientes reciben literatura con mensajes de esperanza y palabras de aliento.

Establecen carpas para realizar tamizaje.

Esta actividad de fortaleza se realiza también en Lima y es parte del proyecto “Soporte a la atención de pacientes por emergencia sanitaria COVID-19 en Huaylas sur y Conchucos sur”, que viene ejecutando la Agencia adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales (ADRA) en el Perú, en alianza estratégica con Antamina, desde el 16 de abril.

El proyecto también incluye la presencia de médicos en el Hospital Wari y en otros centros de salud. Se ha dispuesto de ambulancias para el traslado de pacientes hacia el hospital, un equipo de triaje diferenciado para identificar a nuevos casos de infectados por coronavirus y zonas de aislamiento social. “Estos espacios de aislamiento son, justamente, para cuando el paciente es dado de alta. Allí le damos el soporte de alimentación, emocional, cuidados y, sobre todo, el fortalecimiento espiritual que es lo que más se necesita”, afirma Mónica Córdova, responsable del proyecto.

En la puerta de los hospitales, se han instalado las carpas de ADRA, donde cualquiera que presente los síntomas, puede acercarse para realizar el tamizaje. Por su parte, las unidades de transporte y ambulancias recorren los centros poblados para ayudar a descartar un posible caso y, en un estado más delicado, llevarlo de inmediato al hospital más cercano.

Médicos y ambulancia listos para trasladar pacientes hasta los hospitales más cercanos.

“El trabajo es bien dinámico y esto es de todos los días, pero lo más bonito de todo es que compartimos esperanza y se realiza un trabajo espiritual con las personas”, afirma Mónica.

Los pacientes son reconfortados, quizás, en el momento más difícil de sus vidas. Pueden volver a sonreír y sentir la paz de Dios, aunque el rostro de la angustia esté en todo su esplendor.